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INTERNACIONALES

2 de enero de 2026

MTV se despidió para siempre y esto es apenas un poco de todo lo que hay para agradecerle

La histórica señal de televisión dedicada a transmitir videos musicales acaba de apagarse en casi todo el mundo. Dio a conocer a grandes artistas y educó a al menos tres generaciones

>Es diciembre. Esa altura de diciembre en la que la Ciudad late a un ritmo que sólo le pertenece a lo que pasa entre Navidad y Año Nuevo, que es prácticamente nada. Muchos de sus habitantes se fueron. Los que quedan hacen lo que pueden entre el cansancio de un año casi entero sobre el lomo y la ola de calor que rebota contra el cemento y se mete por los poros.

Quedan, sí, las escenas que constituyen la identidad inamovible de este pedazo de Buenos Aires: hay fila para comer fugazzeta de parado en La Mezzetta, hay comensales esperando un pedazo de carne en la vereda de Lo de Charly. O eso creo.

Veo a Axl como un novio elegante y rockero en la iglesia, a su blanca y radiante novia caminando al altar, a Slash entregando los anillos y, después, tocando su solo de guitarra en una especie de desierto con esa capilla chiquita y blanca de fondo.

El auto va por Álvarez Thomas pero yo tengo el cerebro mudado a los noventa y, sobre todo, a la pantalla de MTV. Y entonces, con el logo de MTV estampado en el horizonte de una avenida que surca la Ciudad, decido que voy a escribir esta nota. Para despedir pero sobre todo para darle las gracias a esa señal que construyó nuestra educación sentimental, ese paraíso adolescente al que los olores, las comidas, las películas, las anécdotas, las canciones y los amigos nos pueden hacer volver en un instante.

MTV empezó a transmitir el 1º de agosto de 1981, hace algo más de 44 años. Lo primero que se emitió en ese canal fue el video nada menos que de “Video killed the radio star”, de la banda The Buggles. Era, sobre todo, una declaración de principios: el videoclip había llegado para llevarse todo puesto.

“Damas y caballeros, rock and roll. Bienvenidos a MTV, Music Television, el primer canal de música y videos 24 horas del mundo”, fue lo primero que dijo la voz que locutó el inicio de esa señal televisiva que acababa de empezar una revolución.

En sus primeros tiempos, en un mundo mucho más segregacionista que el de hoy, MTV sólo emitía videos de artistas blancos. Pero su audiencia insistía con un nombre que sonaba cada vez más fuerte en el mundo del pop: Michael Jackson. El hombre que se convertiría en el monarca total de ese género musical abrió las puertas para siempre para los artistas afrodescendientes.

Hizo que esos artistas fueran conocidos en tierras lejanas, que ampliaran su público internacionalmente, que se los reconociera con premios globales. MTV hizo también que, del otro lado del televisor, millones de televidentes educaran su oído con más versatilidad de la que hubieran podido imaginar antes de su desembarco. Ese es su mayor legado.

El 31 de diciembre de 2025, hace apenas dos días, el MTV que debutó en 1981 se despidió para siempre casi en su totalidad. Dejaron de existir los canales MTV Music, MTV 80s, MTV 90s, Club MTV y MTV Live, que eran los que aún mantenían la tradición de sostener una programación hecha de videos musicales.

El “apagado” impactó en el minuto final de 2025 en Reino Unido, Irlanda, Francia, Alemania, Austria, Polonia, Hungría, Australia, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Los motivos de esa decisión son deducibles: el desembarco de MTV en la televisión hace más de cuatro décadas fue apenas una de todas las revoluciones de los medios de comunicación y de la forma de consumir cultura.

Ahora, en esta escena que me coloniza el cerebro mientras pienso en todo lo que hay que agradecerle a MTV, no sé si es diciembre o enero o febrero, pero sé que es verano. Es apenas el arranque del siglo XXI y un litro de cerveza Quilmes cuesta un peso, es decir, un dólar, en un bar marplatense que huele a espíritu adolescente.

Es verano pero refrescó porque así funciona la Costa Atlántica. Una amiga muestra con todo el disimulo posible a un grupo de chicos algo más grandes que nosotras y distingue al que le gusta: “El del pulover de Cobain”.

“El del pulover de Cobain” podría haber sido “el del pulover de Freddy Krueger”, un sweater de rayas horizontales anchas rojas y negras, si MTV no hubiera existido. Pero para ese entonces, llevábamos años viendo a Kurt Cobain, el alma de Nirvana ya muerto en los noventa, cantar su infancia desgraciada en el video de “Sliver”.

Claro que también habríamos identificado al chico que le gustaba a mi amiga si hubiera tenido un saco de lana de algún color entre el beige y el té con leche. Habría sido perfectamente correcto decir “el del pulover de Cobain” también en ese caso, porque habíamos visto infinitas veces el MTV Unplugged de Nirvana en el canal.

Los Fabulosos Cadillacs fueron los primeros argentinos en probarse ese traje, aunque estrictamente no se trató de un unplugged porque tocaron con instrumentos eléctricos. Su versión de “Matador” sería elegida después para la compilación Lo Mejor de MTV Unplugged, que también incluiría a artistas como Charly García, Shakira, Ricky Martin, Soda Stereo, Aterciopelados, Café Tacvba y Diego Torres, entre otros grandes latinoamericanos.

Kurt Cobain se despedía del mundo aunque el mundo no lo supiera, y le ponía su voz desgarrada a una letra de David Bowie -la hermosísima “The man who sold the world”- que, tal vez, muchos conocieron por el disco de Nirvana antes que en la versión original del artista británico. El cerebro y el corazón nos crecían mirando MTV, y comprábamos los Unpluggeds en Musimundo o los copiábamos en la casa del amigo que tuviera cómo hacerlo.

Ahora es 2003 y estoy delante de un televisor de 14 pulgadas. Un dólar ya no cuesta un peso y en el televisor está puesto MTV porque es la entrega de los Video Music Awards, los VMAs, como los llama el canal global. En la cúspide de su principado en el pop y vestida de novia, Britney Spears devela su rostro mientras canta la primera estrofa de un himno que no le pertenece: “Like a virgin”. En la cúspide de su ducado o condado en el pop y vestida de novia, Christina Aguilera canta el estribillo de la canción.

De la cumbre de una escalera armada sólo para que Britney y ella la bajen, vestida de negro, con unas botas altísimas y una galera inolvidable, el mundo entero ve emerger a Madonna. Canta las primeras estrofas de “Hollywood”, su corte más exitoso en ese momento, y desciende al nivel del resto de los humanos al ritmo de su canción.

Al otro día, en los colegios secundarios, en los negocios, en las universidades, en las oficinas, en los noticieros y en los diarios de papel, se habla sobre todo del beso de Madonna a Britney, pero también a Christina, y del que se dieron las dos discípulas entre sí.

Es que en esa programación musical constante, MTV narraba la historia de la música popular. Contaba quién había inventado qué cosa, qué artista había influenciado a otro, qué sonido se escuchaba en el Reino Unido, en la Costa Este de los Estados Unidos, en el Río de la Plata, en Río de Janeiro y en California. MTV era una enciclopedia musical a cielo abierto.

Ahora es diciembre de 2025, el tránsito no se detiene y la imagen de Slash subido a la escalera apuntando el mástil de su guitarra al cielo sigue vívida. Pienso que el mundo cambia demasiado rápido. Que esperar a que un canal de televisión ponga justo el video de la banda que a una le gusta en una era completamente on demand es un contrasentido.

Pero sobre todo pienso que “November rain” dura algo más de nueve maravillosos minutos, y que lo que más cayó en desuso es que la atención humana, ese bien cada vez más escaso, se concentre en una sola cosa durante ese tiempo. Ese tiempo que antes parecía un recreo cortísimo ahora es una eternidad porque nueve minutos alcanzan para abrir y cerrar varias aplicaciones, scrollear, dar likes, recibir likes, olvidarnos de lo que estábamos haciendo, retomar y, con suerte, terminar algo de lo que queríamos hacer.

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