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INTERNACIONALES

22 de febrero de 2026

Una isla de las Galápagos recupera sus tortugas gigantes tras más de un siglo

La liberación de 158 ejemplares busca reactivar su rol como “ingenieras del ecosistema” y restaurar procesos ecológicos clave en la isla

>El 20 de febrero de 2026, el Ministerio de Ambiente y Energía de Ecuador anunció la liberación de 158 tortugas gigantes en la isla Floreana, una especie que había desaparecido localmente desde el siglo XIX. El operativo, liderado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos como parte del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, marcó el primer reingreso de estos quelonios a la isla en más de un siglo y se ejecutó tras rigurosos protocolos sanitarios, cuarentena, microchipado y monitoreo planificado a largo plazo.

La reintroducción en Floreana no es solo un acto simbólico de reparación histórica. Las tortugas liberadas provienen de un programa de crianza especializado desarrollado a partir de individuos con alta carga genética del linaje históricamente endémico de la isla, redescubierto en el volcán Wolf, en Isabela.

Pero ¿qué significa, en términos científicos, que una tortuga sea “ingeniera del ecosistema”? El concepto alude a especies capaces de modificar físicamente su entorno y, con esto, alterar la disponibilidad de recursos para otras formas de vida.

La evidencia empírica más robusta proviene de estudios sobre dispersión de semillas. Investigaciones realizadas en Santa Cruz, basadas en el análisis de 120 pilas de heces recolectadas durante 15 meses, identificaron al menos 45 especies de plantas no gramíneas transportadas por tortugas.

El efecto no es homogéneo. Parte de las semillas transportadas corresponde a especies introducidas, lo que genera una tensión en el manejo: las tortugas restauran procesos ecológicos históricos, pero también pueden facilitar la expansión de plantas invasoras en zonas humanizadas. En contextos agrícolas de Santa Cruz, más del 70% de las semillas encontradas en heces pertenecían a especies introducidas. La ingeniería ecosistémica, por tanto, no es intrínsecamente positiva o negativa; su impacto depende del estado del hábitat y de las estrategias de control complementarias.

Esa escala temporal es clave. La restauración de procesos no es inmediata. En la isla Santa Fe, donde se introdujeron tortugas como reemplazo ecológico tras la extinción del linaje original, el monitoreo durante cinco años mostró supervivencias cercanas al 85% y una expansión progresiva en el territorio insular. Los cambios en la estructura vegetal comenzaron a detectarse, pero los investigadores advierten que la transformación integral del paisaje puede requerir generaciones.

Las tortugas también modifican el suelo. Sus heces concentran materia orgánica y semillas en puntos específicos, creando “parches fértiles” que pueden favorecer la germinación. El pisoteo genera sendas y microdepresiones que alteran la infiltración de agua y la distribución de sedimentos. Aunque la cuantificación detallada de estos efectos edáficos sigue siendo limitada en la literatura disponible, el consenso científico sostiene que la suma de estos procesos influye en la heterogeneidad espacial del ecosistema.

En Floreana, la apuesta es precisamente esa: restaurar la funcionalidad ecológica de una isla habitada. El boletín oficial destaca que la intervención forma parte de una estrategia más amplia que incluye la futura reintroducción de hasta 12 especies endémicas consideradas localmente extintas. En este contexto, las tortugas no son un fin en sí mismas, sino un engranaje central en una cadena de procesos que abarca desde la regeneración vegetal hasta la recuperación de hábitats para aves y otras especies.

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