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INTERNACIONALES

8 de marzo de 2026

Trump, la Cumbre de Miami y la primacía de la geopolítica sobre el comercio: el caso de Chile

Lo que ha pasado con el "cablegate" ofrece una oportunidad, la de salir del nicho donde se ha ubicado políticamente el gobierno, y buscar lo que en el pasado tuvo éxito y que hoy se carece, un acuerdo nacional para una nueva etapa en el país

Una docena de mandatarios fueron invitados a la Cumbre de Miami por Donald Trump este 7 de marzo, además de los usuales encuentros bilaterales. Originalmente fueron seis los convocados a este "Escudo de las Américas": los jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Honduras y Paraguay, agregándose posteriormente otros seis, Costa Rica, Guyana, Panamá, República Dominicana, Trinidad y Tobago y uno solo electo como es el caso de Chile, quien asume formalmente este miércoles 11.

Antes, el jueves 5 el secretario de Guerra Pete Hegseth había reunido a representantes de 20 gobiernos para escuchar la necesidad de combatir al narcoterrorismo y a los cárteles.

Separados por 32 años, la misma ciudad de Florida había servido de sede para que la región se enterara de las únicas dos propuestas que EEUU hiciera en este lapso, una diferente de la otra, las que surgieron de la Casa Blanca para relacionarse en forma preferencial con el sur del continente. En 1994, cuando existía mayor continuidad entre las diferentes administraciones y menos polarización, una idea de George Bush padre fue continuada por su sucesor Bill Clinton, quien propuso en lo económico un mercado común a América Latina y el Caribe más la democracia en lo político, toda vez que entonces solo había una dictadura, la de Cuba. Desafortunadamente, la región se equivocó y formalmente rechazó la oferta en Mar del Plata el 2005, cuando Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner encabezaron la negativa al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), aunque algunos países como Chile aprovecharon la oportunidad para tener su propio Tratado de Libre Comercio (firmado el 6 de junio de 2003), además del de los vecinos México y Canadá (en vigor a partir del 1 de enero de 1994).

Esta vez la propuesta tiene características distintas, toda vez que existe un altísimo componente de personalización y cercanía ideológica en quienes recibieron la invitación, ya que ni Brasil, ni México ni Colombia estuvieron presentes. Ahora la invitación tiene un claro componente geopolítico, en el sentido que son llamados a "revisar la interferencia extranjera en el hemisferio", es decir, China, ya que coincide con la reciente aparición en noviembre de la importantísima Estrategia 2025 de Seguridad Nacional, es decir, la alineación política, toda vez que EEUU ahora no busca socios, sino aliados. Detrás, hay una lógica transaccional que caracteriza al presidente Trump, tal como surge de las páginas de su libro El Arte de la Negociación. Los 12 jefes de gobierno y de Estado firmaron un acuerdo de coalición militar contra los cárteles de la droga.

Bajo el nombre de hemisferio occidental, Latinoamérica y el Caribe vuelve a ser relevante para la Casa Blanca, después de una mutua indiferencia de décadas, y para ello se vuelve a utilizar una denominación que en la región no tiene buen nombre, la Doctrina Monroe del siglo XIX, a la que se le agrega el llamado "Corolario Trump". No solo son líderes invitados con nombre y apellido, sino también existe una búsqueda de mayor eficiencia política, donde este previo alineamiento sustituye los fracasos de la ambigüedad multilateral anterior. Es un golpe para la muy estéril OEA, que se une a la Junta de la Paz convocada por Washington para reemplazar a la ONU en la búsqueda de paz en el Medio Oriente, aunque sin duda, en ambos casos se busca superar la ineficiencia de aquellas organizaciones que provienen del siglo pasado.

?Tendrá más éxito esta vez EEUU? o, dicho de otra forma, podrá aprovechar en su beneficio Latinoamérica este renovado interés, toda vez que, en el pasado, habitualmente no lograba hacerlo, además, que la propia experiencia de organismos de integración basados en el alineamiento ideológico muestra muchos fracasos, tales como el ALBA chavista o el Grupo de Lima de la derecha continental, aunque sin duda, la ofensiva para poner fin a las dictaduras de Venezuela y Cuba marca un indudable factor diferenciador, por mucho que todavía no esté claro que el paradero final sea la democracia liberal para ambos sufridos pueblos.

Sin duda, por muchas comparaciones que se hagan con la guerra fría, el poder económico de Beijing marca una clara diferencia, ya que los chinos son el principal socio comercial de muchos países de la región, que en el caso de Chile hay que agregar la existencia de una relación que ha permanecido no solo inalterable sino en constante crecimiento durante más de medio siglo, siendo una de las pocas políticas de Estado donde Allende (quien la inició) y Pinochet (quien la consolidó) estuvieron 100 % de acuerdo, hoy con fuerte presencia de Beijing en servicios básicos como la electricidad y también en infraestructura.

Relación que también es tributaria de la paciencia y constancia con la que China se dio a la tarea de desarrollar su capitalismo de Estado. Al respecto, siempre recuerdo como allá por la década del 80, en plena dictadura militar, en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile, se nos pidió recibir a una delegación de la Academia de Ciencias Sociales de la República Popular China. Grande fue nuestra sorpresa al enterarnos en la reunión que el interés de esos académicos estaba concentrado en un solo tema, el sistema todavía vigente en Chile de capitalización personal, para que a través de cuentas individuales las personas financien sus pensiones en el sistema privado. Llamativo, cuando China era todavía una sociedad colectivista en los inicios de su impresionante creación de riqueza.

Mi impresión del Escudo de las Américas es que todavía no es suficientemente atractivo como para doblegar a China en la región, ya que carece de un proyecto de infraestructura equivalente a lo que a través del mundo significa la Ruta de la Seda, y que, en el pasado, tuvo EEUU en la época en que destronó como potencia al Reino Unido en el siglo XX, por ejemplo en la Carretera Panamericana que unió a todo el continente o en sus inversiones mineras como el cobre que equivalen a lo que China ha construido en tierras raras. Es lo que explica que el Estado peruano haya construido con Beijing el megapuerto que unirá preferentemente a Asia con América del Sur, o que dos gobiernos tan distintos como Piñera y Boric en Chile hayan pensado en empresas chinas para un cable de comunicaciones de China con Latinoamérica.

La verdad es que por mucho que predomine hoy la geopolítica o por la redescubierta importancia de la región para Washington, lo que China representa hoy no se le puede enfrentar solo con argumentos de miedo o de una guerra fría 2.0, dado su poder económico. Por lo demás, es una realidad que el propio presidente Trump ha tenido que aceptar, ya que, después del exitoso embargo que China hiciera de tierras raras con sanciones que recordaban las propias de EE. UU., hoy están negociando de igual a igual el tema de los aranceles, y que de llegar a un acuerdo, se convertirá en las nuevas reglas del juego para el comercio internacional, en reemplazo de las normas que hoy están desapareciendo, y a lo que tendrán que plegarse todos los países, chicos y grandes, les guste o no.

Chile hoy está en medio de una situación complicada, con sanciones a funcionarios públicos que participaron en el muy poco aconsejable proyecto de asociación express, incluyendo al ministro de Transporte y Telecomunicaciones, lo que en Chile se conoce como el "cablegate", donde Boric y su gobierno actuaron con muy mala fe, tanto que se le ocultó información a Kast en el traspaso del gobierno que se va al que llega, obligando al presidente electo a retirarse de las conversaciones, ensuciando una tradición política colaborativa que hasta ahora enorgullecía a los chilenos.

Con su intento de engaño, el gobierno de Boric rompió con tradiciones republicanas, además de una cadena de versiones contradictorias, ya que no es sorprendente que Chile quiera tener un cable con su principal socio comercial. No lo es, además que como un país abierto a la inversión extranjera aún más que países europeos como Francia, la nación posee un sistema para concretarlos, que está prestigiado a nivel internacional.

No. Lo realmente sorprendente es el secreto con el que se intentó hacer en los últimos días de ese gobierno. A EEUU le fue fácil desentrañar lo que había ocurrido, ya que por ley de transparencia, toda la cadena de reuniones y viajes a China era pública, además que quien intervenía era nada menos que China Mobile, la estatal china de mil millones de usuarios, quien había conseguido tramitar su proyecto en nada menos que 61 días, plazo sospechoso en una realidad donde también llamaba la atención que salvo el ministro mencionado, todos los otros involucrados eran militantes del Partido Comunista Chileno, integrante de la coalición de gobierno de Boric, tanto que una última solicitud logró ser ingresada ante otro militante en la subsecretaría de FF. AA., solo tres días antes que EEUU hiciera públicas las sanciones.

Es decir, una chambonada de marca mayor, culminación de lo que fue sin duda el peor gobierno desde el retorno a la democracia, uno de aficionados, adecuadamente descrito como de estudiantes en práctica, aludiendo al hecho que solo en una década saltaron de ser dirigentes estudiantiles que protestaban en las calles a gobernar el país, y que consiguieron algo tan difícil como quedar mal, al mismo tiempo con China y con EEUU, además de crearle un problema mayúsculo e inesperado a su sucesor.

Fue un gobierno que fracasó en todas sus promesas de campaña, incluyendo que había llegado a "meterle inestabilidad" al país y refundarlo, fracasando incluso en su propuesta de transformación constitucional al ser derrotado por amplia mayoría en el referéndum respectivo, con lo que no hubo revolución alguna, solo un gobierno olvidable. La realidad obligó a Boric a cambiar de opinión en muchos aspectos, salvo en uno, el hecho de haber sido el primer presidente en la historia de Chile orgulloso de su judeofobia, expresado en sus ataques no solo a Israel sino en su negativa a tener algún contacto con la comunidad judía chilena.

Por lo demás, el tema del cable de comunicaciones tenía toda una historia, ya que la presión de EEUU y la amenaza de quitar el beneficio de exención de visa (waiver) ya se había manifestado en el gobierno de Piñera, quien aceptó cancelar el proyecto, aunque allí no hubo sanciones a funcionarios de gobierno. También hubo episodios en el área de la astronomía, toda vez que la presión de EEUU obligó a cancelar el proyecto que la Academia China de Ciencias quiso desarrollar junto con la Universidad Católica del Norte, en el desierto donde los europeos tienen algunos de los observatorios más modernos del mundo.

Lo que hay detrás de todo esto es algo que debiera preocupar a Chile, ya que hay una incomprensión manifiesta en dos gobiernos consecutivos acerca del nuevo contexto global, y el hecho no asumido en la toma de decisiones de la competencia a todo nivel entre China y EE. UU. Al respecto, Chile ha demostrado carecer de servicios de inteligencia que le permitan entender lo que está pasando como tampoco tiene hoy un proceso de toma de decisiones que posibilite total coherencia en aquellas de carácter estratégico, toda vez que las grandes potencias lo tienen claro, pero Chile parece carecer de un adecuado entendimiento acerca de sus intereses permanentes. Tampoco parece tener un proceso decisional que posibilite anticipar el costo de cada decisión, ya que por razonable que parezca querer tener un cable de comunicaciones con el destino preferente de sus exportaciones, es impropio para un país que vive del comercio exterior, no entender el problema en que se estaba metiendo cuando la competencia entre China y EE. UU. es el factor predominante que va a definir la lucha por quien será la superpotencia indiscutida del siglo XXI.

El gobierno de Boric le entregó un problema mayúsculo e inesperado al de Kast, para quien todo parecía no solo ir bien, sino muy bien, hasta que en el momento de nominar su gabinete apareció un grave error de comprensión del mundo en que le va a tocar vivir a partir de 2026, ya que no es el momento de la economía, como parecen demostrarlo sus nominaciones para ministros, sino de primacía de lo geopolítico como ahora se lo recordaron al presidente electo en Miami (ver mi columna en Infobae, "Chile: el error de Kast", 25 enero, 2026).

Por lo demás, tanto EEUU como Israel han dicho que están disponibles para recuperar la relación estrecha que tuvieron por mucho tiempo hasta la llegada de Boric, por lo que la pregunta para Chile es cómo puede negociar para mantener la vinculación especial que tiene hoy tanto con EEUU como principal inversor y China, como principal socio comercial. Se puede hacer, de hecho, lo logró el expresidente Ricardo Lagos en los 90, quien le anunció a George Bush hijo que Chile iba a votar en contra de la invasión a Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU del que formaba parte en aquellos años, y que, a pesar de ello, pudo lograr que se salvara el Tratado de Libre Comercio que Chile negociaba con Washington.

Si algo demuestra el cablegate, es el costo que tuvo para Chile no haber digerido el texto de la importantísima Estrategia de Seguridad Nacional 2025, sin sorpresa en el caso de Boric, pero más difícil de entender en un gobierno al que todo parecía sonreírle como el de Kast, ya que allí se habla en detalle de la competencia con China al igual que se describe la importancia atribuida a Latinoamérica y lo que se espera de ella.

De hecho, el nuevo gobierno, el que asume el miércoles 11 de este mes, se encontró repentinamente con sanciones, las que fueron dirigidas no contra el gobierno que se va, sino como advertencia para el gobierno que viene, ya que contrariamente a lo que indica esta sanción, gente que participa en las decisiones me ha asegurado que la Casa Blanca quiere tener las mejores relaciones posibles con Chile, ya que en comparación con otros países de la región, le atrae la colaboración de tantos años, y la relativa seriedad y previsibilidad en la toma de decisiones.

El problema para Chile es que no hay seguridad que se esté entendiendo la importancia actual de la geopolítica, y el hecho que se requerirá actuar con rapidez, ya que todo indica que se va a necesitar que se establezca lo que hoy no existe, una relación personal de Kast con Trump, dada la personalización de la diplomacia, y eso requerirá un rápido gesto, ya que con una administración enfocada en Irán, muy pronto, apenas quede enrielada esa situación, deberá concentrarse en lo realmente vital para el gobierno, ganar las elecciones de medio término de noviembre, y con la Casa Blanca enfocada en un proceso electoral, que hoy podría perderse, indudablemente va a haber poco tiempo e interés en Chile, además que seguramente van a cambiar muchas prioridades, incluso para Cuba y Venezuela.

Y para que Chile pueda lograr su objetivo prioritario de buenas relaciones con China y con EEUU al mismo tiempo, no basta con la reunión de hoy, por lo que creo que el camino para Chile pasaría por encontrar un elemento donde exista interés urgente, tanto en la Casa Blanca como en Trump personalmente. En otras palabras, a modo de ejemplo Chile tendría que hacer lo que no ha hecho todavía ningún país de la región, una propuesta de asociación en el tema de las tierras raras, de las que EEUU hoy carece, y que las ha buscado donde ha podido encontrar algún interesado, como fueron los casos de Australia y Ucrania. Esa propuesta, debe por cierto beneficiar a Chile, quizás una revisión de todo el territorio nacional, ya que al menos en el caso del litio, lo que se demoró la administración Boric perjudicó a Chile, al moverse más rápido el mercado internacional.

Respecto a la relación con EEUU, un amigo con quien desarrollamos iniciativas conjuntas en la International Political Science Association, cuando ambos estábamos dedicados a la universidad, y que hoy cumple labores importantes en Washington, hace algún tiempo me conversaba del interés de Washington en tener al nuevo gobierno de Chile lo más cerca posible. Al respecto, me hacía ver que incluso Boric tuvo suerte, ya que es uno de los pocos casos por su persona conocido, donde no hubo ninguna reacción de la Casa Blanca a las permanentes provocaciones ofensivas que venían de la presidencia chilena, concediéndole una irrelevancia que no fue perjudicial para el país, y que hoy se muestra en la advertencia que se le hace al nuevo gobierno antes que asuma, para no perjudicar la relación futura, como también en la muy competente delegación que EEUU envía al cambio de mando el próximo miércoles.

En efecto, para Chile es muy buena la comitiva que viaja a Santiago, ya que, de querer aprovechar el viaje, reúne a buena parte de quienes toman hoy decisiones o fijan políticas y estrategias para la región, incluyendo personas que tuvieron trayectoria conjunta de años con Marco Rubio cuando era senador. La encabeza Christopher Landau (hijo de embajador en Santiago, 77-82), hoy subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, frecuente reemplazo del secretario, además de uno de los encargados para Venezuela, más el subsecretario para Asuntos Económicos, Energéticos y Empresariales (ex asesor de Rubio en el Senado), junto al subsecretario de Guerra para Asuntos de Defensa Nacional y Seguridad de las Américas, más la Asesora Principal para Asuntos del Hemisferio Occidental, también de larga asociación con Rubio, y el jefe de gabinete en la oficina del Consejero del Departamento de Estado, hoy, uno de los principales estrategos para la región.

Es indudablemente un equipo capacitado para darle mucha importancia a un gobierno que recién asume, por lo que todo indica que EEUU desearía tener las mejores relaciones posibles con Chile. Como recién se instala el nuevo gobierno, y dado que en Miami va a haber poco tiempo, no es seguro que en Santiago vaya a tener una contraparte de ese nivel de cercanía con las nuevas autoridades. De todas maneras, la pregunta es otra, dado el hecho que los nuevos ministros de RR. EE. y Defensa son personas de gran trayectoria, pero sin experiencia o conocimiento demostrado en geopolítica, la duda es si Chile está entendiendo las señales e intenciones de Washington. Ojalá, Chile se organice lo suficientemente bien como para explicar a EE. UU. la importancia que tiene para el país la política de Estado hacia China, ya que la incompetencia exhibida por el gobierno de Boric demuestra una vez más el gran pendiente que tiene la democracia chilena, la falta de una institucionalidad de inteligencia lo suficientemente buena como para que el país tenga un consenso en política internacional, tal como lo tuvo durante tanto tiempo en la exitosa transición.

De hecho, si no se entendió oportunamente que el tema de hoy es la geopolítica, ojalá la invitación a Miami sirva, no para que Chile tome decisiones contrarias a su tradición, sino para entender que las sanciones en el cablegate no son un castigo para el nuevo gobierno sino lo contrario, una advertencia para evitar castigos que están establecidas en la ley estadounidense. Si Chile no desea ni le conviene optar entre China y EE. UU. deberá ganar ese argumento en el nuevo contexto, y para ello, lo primero no ha ocurrido todavía, ya que para tener una estrategia exitosa ante un gobierno que se va a dedicar en cuerpo y alma a su próxima elección, necesita lo que Santiago todavía no tiene, claridad total sobre lo que está en juego. Miami no ha resuelto nada, pero hace visible lo que está pasando, por mucho que la instalación como "asesora" de la Sra. Kristi Noem después de su despido como secretaria de Seguridad Nacional, sea una señal poco alentadora de la importancia real que se le atribuye a esta iniciativa.

Como conclusión, como toda crisis, lo que ha pasado con el cablegate ofrece una oportunidad, la de salir del nicho donde se ha ubicado políticamente el gobierno, y buscar lo que en el pasado tuvo éxito y que hoy se carece, un acuerdo nacional para una nueva etapa en el país. Al respecto, lograrla en relaciones internacionales es más fácil que obtenerla en política interna.

Ya lo dijo el filósofo estoico Lucio Anneo Séneca (c. 4 a. C.-65 d. C.) "si te concentras en el hoy, dependerás menos del mañana".

Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona). Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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