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15 de junio de 2026

La serie imposible que dio vuelta Boca goleando a Newell's en Rosario para ganar la primera liguilla de la historia

Se cumplen 40 años de la hazaña lograda por el Xeneize en el Parque Independencia. El recuerdo de los protagonistas

"A lo Boca". En el fútbol argentino hay muchas sentencias que vienen desde sus comienzos. Esa denominación para los equipos con sus virtudes, a partir de una situación particular o de una manera de sentir el juego. Esa definición remite desde los tiempos más lejanos, a la estirpe que por años distinguió a los cuadros de Boca. Una garra a prueba de todo, una convicción e hidalguía casi suicida de que siempre se puede dar un poco más, a despecho de mayores o menores virtudes técnicas. Cuando se dice "ganar a lo Boca", todos sabemos de lo que estamos hablando. Y eso se repitió, una vez más, en el mediodía del domingo 15 de junio de 1986, cuando los Xeneizes revirtieron una final de manera increíble frente a Newell´s para clasificarse a la Copa Libertadores

La primera liguilla de la historia. Aquella innovación, acertada, que había aplicado la AFA en el torneo 1985/86, en paralelo con la reestructuración de los campeonatos, que comenzaron a jugarse a partir de mitad de año. Ese, precisamente, fue el primero, donde un River arrollador, dirigido por el Bambino Veira y con la estrella fulgurante de Enzo Francescoli, fue campeón por 10 puntos de ventaja.

Aquella liguilla arrancó el último fin de semana de abril, con 12 equipos. Ocho se enfrentaron en una primera etapa y los cuatro restantes se sumaron en los cuartos de final. Se conformó con seis equipos de la máxima categoría, los cinco que siguieron a River en la tabla (Newell´s - Deportivo Español - Boca - Ferro y San Lorenzo), más Vélez, que había sido el subcampeón del Nacional '85. Y los seis mejores del torneo del interior: Olimpo de Bahía Blanca, Belgrano de Córdoba, Guaraní Antonio Franco de Misiones, Alianza Cutral Có de Neuquén, Güemes de Santiago del Estero y Concepción de Tucumán.

Luego de varias rondas, llegaron a la final Newell´s y Boca, cada uno a su estilo. El cuadro rosarino venía trabajando con una base de futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores, que cada día se mostraban más asentados en primera división. El liderazgo era del Tata Martino, con esa enorme capacidad para saber dónde estaba cada uno de sus compañeros y administrar la pelota con criterio, siempre secundado por el Chocho Llop, en la poco reconocida y tan necesaria tarea de recuperación de la pelota. Era seguro en el fondo, dinámico en el medio y potente arriba, con Dezzoti y Almirón, aunque éste último no fue de la partida en la liguilla por estar en México con la selección.

Boca era la contracara. En 1984 había atravesado un año dramático, con huelga de jugadores por falta de pago, y una situación institucional gravísima, que lo llevó a ser intervenido por el gobierno nacional. La llegada de Antonio Alegre a comienzos del '85 como presidente de unidad, fue aportando tranquilidad. El entrenador era Alfredo di Stéfano, pero en noviembre renunció, luego de una racha de malos resultados. En su lugar quedó quien era su ayudante de campo, primero interno y luego oficial: Mario Zanabria. De a poco fue encontrando el equipo, con la eterna sabiduría del Loco Gatti, el oficio de Pipa Higuaín, el fervor desbordante del Ruso Hrabina, los goles de Alfredo Graciani, el despliegue del Vasco Olarticoechea y el talento de Tapia. Ninguno de estos dos estaba para la liguilla, porque también se encontraban bajo las órdenes de Carlos Bilardo en México.

Antes estas bajas, algunos chicos de inferiores tuvieron su oportunidad. Uno de ellos fue el Tuta Torres, el gran héroe de esta historia como ya veremos. En diálogo con Infobae, recordó cómo llegó el equipo: "No habíamos terminado bien el torneo, porque se habían ido Tapia y Olarticoechea al mundial de México. Mario empezó a probar y las piezas no encajaban bien. En la primera fase de la liguilla superamos a Alianza de Cutral Có y en la siguiente fue durísimo con Olimpo. Empatamos 1-1 en nuestra cancha jugando mal y para la revancha en Bahía, me puso como titular. Fue dificilísimo, por la cancha chica y porque eran metedores. Hice el 1-0 y empataron, después la Chancha Rinaldi metió el 2-1 y sobre el final se pusieron 2-2. Fuimos al alargue y a cuatro minutos de tener que ir a los penales, una pelota le picó mal a un defensor y me quedó justa para poner el 3-2. Esos dos goles y la buena actuación, hicieron que me mantuviera en el equipo para vencer a San Lorenzo en la semifinal hasta el choque con Newell's".

La atención del mundo del fútbol estaba en el Mundial. Argentina ya había vencido a Corea del Sur, empatado con Italia y a dos días de enfrentar a Bulgaria, tuvo lugar la primera final de la liguilla en cancha de Boca, el domingo 8 a las 11 de la mañana. Fue un gran partido del Tata Martino, la indiscutible figura. En esa dirección va la evocación del Tuta Torres: "Para mí, ellos eran el mejor equipo del país: sólidos, potentes, rápidos y cada uno sabía lo que tenía que hacer. La primera final la perdimos 2-0 con goles de Martino, un verdadero jugadorazo. Era imposible descifrar qué iba a hacer y siempre estaba adelantado a la jugada, con la cancha en la cabeza. Y los demás acompañaban a la perfección: Llop, Basualdo, Theiler, Rossi, etc. El 2-0 fue justo y con un dominio total".

En México, la selección ganaba el grupo a paso firme y esperaba por Uruguay en octavos de final, partido programado para el lunes 16. Solo 24 horas antes, en el día del padre, nuevamente a las 11 de la mañana, tuvo lugar la revancha, donde Newell´s, por jugadores, rendimiento y ventaja del primer chico, era el gran candidato. Pocos confiaban en Boca, aunque ellos se tenían fe, como recuerda Torres: "El día anterior a partir rumbo a Rosario, el Ruso Ribolzi (ayudante de Mario Zanabria), nos juntó en uno de los salones de la concentración de La Candela y nos dijo: 'Muchachos, les voy a contar algo: en este mismo lugar nos reunimos antes de viajar para la revancha con Borussia por la Intercontinental en 1978. Pocos creían en nosotros y teníamos las mismas esperanzas de hoy. Así que vamos con fe, que somos Boca'. Eso es ser ganador".

Dos de los cuatro hombres de la defensa xeneize llevaban poco tiempo en el club, pero habían sintonizado a la perfección el espíritu de ponerse esa camiseta. Así lo rememoran Higuaín y Hrabina. Primero, el turno del Pipa: "En la arenga previa me llamó la atención que el Loco Gatti estaba muy enchufado para alentar a los muchachos, porque él no era de hacer esas cosas. Lo que pasó después fue una hazaña". Ahora, el Ruso: "Al comenzar la revancha en Rosario, nos metieron un gol. Parecía imposible revertirlo. Ahora en el fútbol le dicen épica a cualquier cosa. ¿Sabés lo que fue eso? Una epopeya irrepetible".

"El partido era parejo -recuerda el Tuta Torres- pero cerca de la media hora y luego de una pelota parada, nos metieron un gol que nos dejaba 3-0 abajo en el global. Cuando se terminaba el primer tiempo, Graciani empató de penal, pero apenas iniciando el segundo, Gnecco expulsó a Hrabina". El Ruso tiene muy presente la maniobra: "El árbitro Abel Gnecco nos expulsó a las tres H: Hoyos, Higuaín y yo y también a un par de ellos. A mí me echó bien, porque le di una tremenda patada al Galgo Dezotti que se iba solo".

La temperatura de la final iba a ir subiendo a la par que corrieran las agujas del reloj, como nos relató Torres: "El clima se fue enrareciendo y el juego se paró un rato largo porque la policía empezó a reprimir a los hinchas de Boca. Cuando se reanudó, vivimos 10 minutos finales de locura. Graciani pateó un tiro libre como si fuera Riquelme y la colgó de un ángulo. Enseguida lo echaron a Martino y yo me sigo preguntando por qué. Era un tipo que no pegaba, no insultaba, era educado. Cosas de Gnecco que se puso como loco y repartió rojas por todos lados, porque al rato se fueron Llop y Hoyos por agredirse y lo mismo con Higuaín y Pautasso. Éramos ocho contra ocho. Krasouski se fue del medio para atrás a armar una línea de tres con Abramovich y Passucci, el flaco Dykstra para tenerla en el medio, Stafuzza corriendo y Graciani y yo arriba".

El partido ya no era partido, desmembrado por las expulsiones. Newell´s estaba a un paso de la Copa Libertadores, Boca a un gol de igualar la serie y el Tuta Torres ante la gran chance de ser el héroe y no la desaprovechó: "Ellos tenían jugadores rapidísimos como el Galgo Dezotti, que cada vez que encaraba nos agarramos la cabeza. En un momento subió Abramovich por la izquierda y me la dio en posición de once, desde donde empecé a correr paralelo al arco. Como éramos pocos dentro de la cancha, en cuanto vi el espacio le pegué fuerte. La cancha estaba mojada y medio poceada, por eso quizás se le metió a Scoponi contra un palo. Con el 3-1 forzábamos un desempate, pero cada contra de ellos con Dezotti y Cozzoni era un suplicio, hasta que Gatti se mandó una locura típica de él: cortó un avance y salió gambeteando contra esos pibes a los que les llevaba 20 años (risas)".

Esa jugada no terminó ahí. Era el minuto 90, todos pensaban en el alargue, pero llegó la consagración de Torres: "La pelota salió para el medio donde la tomó Graciani y me la pasó sobre la derecha. De Newell´s sólo quedaban ocho y tres me vinieron a marcar (risas). Me tuve fe y encaré. Los fui pasando de a uno y cuando entré al área, vi que se venía Basualdo a cerrarme y entonces pateé al arco. Me salió medio mordido y le pasó por abajo al pobre Scoponi, que era un arquerazo. Fue la gloria, no sabía qué hacer. Si gritar o llorar y empecé a correr como loco. Ahí se dio una situación increíble, porque en aquellos tiempos, una vez que se hacían los dos cambios permitidos, el resto de los suplentes no podían quedarse en el banco. Entonces los muchachos se habían ido al vestuario y al escuchar el grito, entraron a festejar, pero pensaron que era porque forzábamos el desempate (risas). No habían visto el gol anterior y creían que era el 3-1. A partir de ahí, aguantamos dos minutos más y cuando llegó el pitazo final fue la descarga. Pienso que lo ganamos sin merecerlo. Newell´s era mejor, ahí es donde se hace mayor la hazaña".

La gente de Newell´s, en una inmensa muestra de corrección, aplaudió a los jugadores de Boca cuando comenzaron la vuelta olímpica. Hasta que un incidente, ensombreció todo: "La dimos los pocos que terminamos jugando, recuerda Torres. Un grupito. Increíble. El problema se dio con Scalise, que había venido a préstamo por seis meses desde Rosario Central. Cuando estábamos en el vestuario, cambiándonos antes de la final, vimos cómo se ponía esa camiseta debajo de la de Boca. Cuando faltaba el último tramo de la vuelta, se quedó con la de Central y la empezó a besar. Lo querían matar todos, porque fue una cargada muy pesada". En esa misma dirección va la reflexión de Higuaín: "Haber ganado 4-1 sobre la hora fue una epopeya extraordinaria. un poco empañada por la locura que hizo Scalise. Si eso pasa hoy, no salimos de la cancha".

El Tuta Torres tiene muy frescas algunas situaciones vividas ese día, que marcan como estaba el club: "Hay algunas cosas del mundo Boca de aquellos años que me dan pena. Un ejemplo es lo que pasó aquel día al volver de Rosario, donde nuestras familias nos esperaban en el hall de la Bpara festejar. Recuerdo que era el día del padre y mi viejo estaba allí y luego me contó que Antonio Alegre, el presidente del club, se paró entre todos y preguntó: '¿Quién es Torres?' No conocía al que había hecho los goles del triunfo. Una vergüenza. Lo mismo que Heller, que era el que manejaba todo. Días antes del partido con Newell´s yo estaba por arreglar el contrato y lo encaré: 'Carlos, tenemos que ver mi tema'. Él estaba sentado junta al Pipa Higuaín y de manera casi burlona me respondió: 'Si el domingo hacés un gol a los 44, otro a los 45 y ganamos la liguilla, pedime lo que quieras'. Cuando terminó el partido en Rosario, el Pipa me dijo: 'Ahora pedile el club' (risas).

Para la importancia de Boca, para su linaje y la inmensa cantidad de títulos que ganó, haberse quedado con una liguilla, puede parece algo menor. Sin embargo, luego de la gloria del campeonato del '81 con Diego en el equipo, todo fue en un tobogán de deudas, malos resultados y pedidos de quiebra. Lentamente había comenzado la reconstrucción. Por eso, uno solo puede coincidir con la sentencia que nos dejó el Ruso Hrabina: "Esa liguilla para ese grupo, fue como ganar la Copa Libertadores".

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