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POLITICA

8 de enero de 2026

Con su liderazgo cada vez más limitado, CFK afronta un año clave para reinventar su rol en el peronismo

La imposibilidad de competir en las elecciones y la rebelión interna de los sectores que no responden a su conducción abrieron la discusión interna sobre un cambio de ciclo en la fuerza política

>“La Cámpora tiene un gran problema. No tiene una candidata. Cristina ya no puede ser. Y el resto no compite para una presidencial. Tienen que ver cómo se acomodan en la cancha. Ella y ellos. Todos”. Así de tajante, escueta y sarcástica fue la definición que un histórico hombre fuerte del PJ Bonaerense hizo ante un puñado de dirigentes en el comienzo del año. Los apuntados son los Kirchner y todos los que están detrás.

Ya recuperada de la apendicitis, con posterior infección, que sufrió al final del año pasado, CFK comenzó su año político sentando su postura sobre la detención de Nicolás Maduro por parte del gobierno norteamericano. Publicó el mensaje esperado. Nada fuera de la lógica de su pensamiento y de sus posturas públicas. En ese punto coincidió con Kicillof, su enemigo íntimo. Ambos condenaron el accionar del gobierno de Donald Trump.

Su liderazgo, más allá de las fronteras del cristinismo, - La Cámpora, Nuevo Encuentro, Kolina y los dirigentes parlamentarios del interior que le responden - se ha limitado en forma vertiginosa a lo largo de los últimos meses. El primer rebelde fue el riojano Ricardo Quintela, que quiso competirle la presidencia del PJ y la desafió en público. Su voluntad tuvo un límite. La junta electoral, con gran influencia K, le impidió competir.

Esa ausencia, decorada y desdramatizada con sentido lógico por parte del kirchnerismo, fue la primera señal de que el peronismo ya no respondía a su jefatura política. Los meses que siguieron, con varias reuniones en Matheu 130, solo sirvieron para congregar a dirigentes fieles. No hubo amplitud real.

El segundo movimiento que corrió aún más esos límites fue la discusión por la estrategia electoral de cara al 26 de octubre del 2025. Pero no la de la provincia de Buenos Aires, sino la del interior del país. Ahí la cara más visible que se acercó a Fuerza Patria y a la ex jefa de Estado fue Juan Manuel Urtubey.

Por eso el gran desafío de la ex presidenta es reinventarse desde su condena y tratar de reconfigurar su liderazgo. Kicillof no la va a esperar para construir su proyecto político nacional. O lo apoyan o sigue adelante sin importarle la guerra interna que pueda desatarle el cristinismo. Aún sabiendo los costos de esa decisión, avanza a paso lento, pero firme.

La que viene será una etapa conflictiva y, tal vez, fundacional. “El peronismo se tiene que ordenar desde el poder o no se ordena. Necesita un jefe que lo ordene y ese jefe hoy no existe”, aseguró una senadora nacional a Infobae, que ve, desde adentro del Congreso, como el peronismo sufre las fugas de los que juegan a ser pragmáticos sin perder la chapa justicialista en sus provincias.

El problema que tiene el PJ en los últimos años es que intenta ordenarse desde el llano. Kicillof ha sido un precursor en ese sentido. Construyó su propia agrupación, se divorció de CFK y decidió dar una pelea de poder contra su mentora y la figura más trascendente que tiene el peronismo en los últimos 15 años. Tuvo sus costos y sus beneficios. La gran mayoría están a la vista. Los que no se distinguen, recién se verán en los primeros meses del 2027.

“El liderazgo de CFK se va apagando, pero su influencia en el conurbano bonaerense, que es trascendente para un armado nacional, sigue siendo muy importante. Hay que contenerla, pero hay que discutir hacia adentro las candidaturas y cómo se ordena el espacio político. La forma de hacer política de los K ya no va más”, fue la reflexión de un peso pesado del peronismo del interior del país. Un equilibrista que sabe, como tantos otros que integran las distintas terminales justicialistas, que para que el proyecto nacional tenga futuro, el kirchnerismo, de alguna u otra manera, tiene que ser parte.

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